20081130

Estudiando a Luigi

Boceto del gato Luigi para un, digamos, cuadro.

Técnica: acuarela con vino tinto, atisbos de acrílico, pastel, todo sobre soporte de pasta de fibras vegetales molidas, blanqueadas y endurecidas. Hoja, que le dicen.

20081125

Linda casa en Cabalango

Cabalango, Córdoba dos mil siete, de invitado.

A las ocho de la mañana, mate, río y sierra. El horizonte inquieto y silueteado.

20081124

Un cacho e´historia, cuchame







Hoy: León Battista Alberti

Esta es una sencilla estratagema para recordarme que en fin, a ver si nos ponemos a dar este final. Uno supone que el visitante no se muere por leer lo que ha sido recortado en el escaneo, de modo que queda así insinuado a medio camino.


Cuando era un purrete tenía un libro que reemplazaba muchas palabras con dibujitos, que nada tiene que ver con esto pero a las espontaneidades, libertad de expresión.

20081118

Calle en bajada

Calle mojada, perspectivas entrecruzadas, ladrillo madera y suelo techo.
El desorden para un renacentista, el deleite para andar paseando.

20081116

Galería



La galería de casa en Las Flores con su glicina trepadora apenas dibujada. Le faltaba un rato de cocción al dibujo, pero el tener fotos en este blog me estaba inquietando levemente.

Técnica: cuestionable

20081103

La dama del agua y la canilla del agua





En mi hoja están uno al lado del otro, en armónica convivencia.

Técnica: qué importa.

20081029

Desarquitecturización con regadera de hojas



Dibujo para regalar en proceso. En proceso es como decir que sí, bueno, ahí estamos, dibujando improvisando sobre la marcha sin tener idea de en qué momento darle el listo, ya está terminado. Ojo; el tipo ya le pone la firma como diciendo vení para acá que te tengo que terminar de definir y a dónde vas sin decirme adónde vas que queda tinta por desparramar.

La consulta del día: ¿Le doy un marco de color en todo el contorno con acuarelas?

Porque hoy es miércoles, tirando a jueves.

Dibujo actualizado hoy primero de noviembre: se han agregado 93 cm lineales de líneas.

20081015

Esculturas de bajo perfil


Media un flaco entre la docente y quien escribe. Allá sobre la mesa, la corrección del trabajo de un grupo. Está bastante completo, dice ella, le falta todo el tema de los proyectos y algo de los lineamientos generales. Sí, lo que pasa que medio se nos complicó y no llegamos a pasar todo, explican y está bien, dice ella y le da un último vistazo a la lámina para cerrar. Pero pónganle garra que se viene la entrega y ellos sí, sí, ahora tenemos que ir pasando el resto y se levantan dejando paso al siguiente grupo. Hay un bolso con aires de oficina pero peinado universitario que al lado mio sobre la mesa parece no buscar nada ni a nadie. Simplemente está ahí. Bueno, pero un bolso ahí justo necesariamente tiene que estar queriéndome decir algo. Cómo decís, digo de reojo y me le acerco, procurando no delatar al bolso en su intento de libre uso de la expresión. Y una vez al lado me dí cuenta de que no me sabía completamente la geometría curiosa que alojan esos humildes ganchitos para correas de bolsos.
Ahora no me la sé así como quien dice completamente, pero que busqué sugerencias interesantes, las busqué.

20081010

Buda for office

Técnica: birome sobre papelito-anotador de color de la oficina.
El título nace a fuerza de necesitar el autor un título. La referencia a Buda, lo mismo.

Viernes diez de octubre del dos mil ocho. A cinco metros de la ventana de mi pieza gira el ventilador del aire acondicionado del local de prótesis de abajo y digo claro, teniendo el Sanatorio Argentino justo al otro lado de la calle, quién no soñaría con tener un local de prótesis de confianza? También venden nebulizadores, suelas extraterrestres y otros objetos que a vista de vidriera me son absolutamente desconocidos.

Y en el horno mientras tanto se calientan unas empanadas que ya mismo voy a controlar.

20080223


De mi cuaderno de viajes, 16 x 16 cm.

Y es de esas cosas que a Toquinho y a uno mismo le gustaría haber escrito antes. Y bueno, Vinicius no era moco de pavo.



A tonga da mironga do kabulete!

20080213

Crónicas de personas como la gente (segunda entrega)


Jordi Iturriberrigorri Goycorrota Berecochea -apodado El Vasco Etcétera- soñó toda su vida con lograr un gremio superheroico comprometido con las problemáticas sociales de su época, con impartir justicia y dignidad allí donde las celebridades superheroicas pasaban por alto, por no encontrar en esos recovecos ínfimos -como ellos decían- el renombre y reconocimiento de los que un superhéroe como la gente debiera gozar. Jordi, un sujeto con corazón y pies humanos, atendía aquellos problemas olvidados por sus pares y no relegaba su causa por una capa de Christian Dior.
Su túnica de oficio superheroico eran una remera verde de la feria paraguaya (que en dos años jamás cedió al castigo del lavado en agua caliente), sus jeans favoritos de la adolescencia, ojotas con tira de tela y su objeto más preciado: su cinturón blanco con tablitas talladas de madera. Y nada más. Así el Vasco Etcétera desmitificaba la ocultación de identidad, y se mostraba reconocible tanto en superhéroe como en civil. Si uno le preguntaba por qué se tomaba la molestia de vestirse para ser superhéroe, él decía que lo mismo hacen quienes se visten de traje para la oficina. "Porque digno es cualquier trabajo, hermano, mientras uno se ocupe de hacerlo", me dijo para terminar la entrevista en el bar que frecuenta.

El Vasco Etcétera. Un tipo comprometido con las problemáticas olvidadas.

20080208

Crónicas de personas como la gente

Luis Norberto Norma tenía una curiosidad inaudita. De chico se formulaba planteos donde el resto de nosotros -personas normales como la gente- pasábamos de largo, y hacía hallazgos inreíblemente intrascendentales. Tuvo una infancia se podría decir que linda por no exagerar con feliz, y promediando su adolescencia ya estaba en vísperas de la adultez, que tanto envidiaba a sus padres.
Dicen quienes tuvieron el acaso privilegio de conocerlo, que una tarde de abril tomando mate bajo una parra con quienes tuvieron el acaso privilegio de conocerlo y que nos refieren esta anécdota -quienes tuvieron el acaso privilegio de conocerlo-, que Luisito espetó una de sus más célebres intrigas: "Che, qué pasará si me zampo el mate este en la zabeca?".

Todos nos quedamos mudos ante semejante estupidez monumental -nos cuentan quienes tuvieron el acaso privilegio de conocerlo y que nos refieren esta anécdota-, y cuando nos quisimos acordar, fíjese usted, estaba Luisito con cara medio así con los ojos saltones y el mate como enraizado en la cabeza. Por supuesto que no atinamos a otra cosa que gritar histéricamente. Y eso, Luisito desapareció.

Un testimonio apabullante sin dudas, para los inciados en estas crónicas extrañas. La investigación sobre los allegados a Luis Norberto Norma no aportó datos relevantes al caso, pero Luisito no desapareció completamente, no. Dicen quienes tuvieron el acaso privilegio de conocerlo que nos refieren esta historia que Luisito aparece cada tanto, mirando fijamente el cordón de la vereda de una casa abandonada, gritando por lo bajo a quien se le acerque "Shps ,Shps", para desaparecer lenta y aburridamente, al sol o a la sombra.

20080205

Mujer feliz en otoño


















Tallado en arcilla en microescala.

Dibujo realizado en carbonilla (42 x 29 cm), editado con efecto digital de relieve.

20080201


















Esta ilustración que le refriega la manga al prócer es de hace unos 20 minutos, hecha en un cuaderno de apuntes -en suplencia del de viajes, que no lo tengo por aquí. Dibujé eso y me quedé pensando, ¿no? Pensaba "cuánto hace que no me como unas chocolinas", y fue bajar al kiosco de enfrente para saciar mi ambición alcanzable.
Pero cuando volví miraba el dibujo y leía eso de las manos dicen hola, y es curioso. Porque las manos en su ansiedad se nos adelantan, nos hacen prescindibles por un instante y sólo somos un soporte motriz para que ellas hagan lo que les plazca, y dejarnos sentados, como simples espectadores. Entonces luego uno apura el paso para ver a dónde quiere llegar la mano dibujante, y he allí el lienzo impoluto de la libre interpretación.

Las manos, dicen HOLA.
Hacen otras cosas también, ya sé; pero las manos, básicamente, dicen HOLA. Como una comunicación certera a la distancia, cuando la voz se difumaría en los ruidos que hacen la sinfónica perpetua de una ciudad moderna, xilofones misturados de todos los saludos desvanecidos y los tangos silbados que erosiona el viento. Las manos se ven desde lejos bailando, son francas y amables, elocuentes y por qué no, llamadoras. Alguien agita la mano en lo alto de su humanidad justo hacia aquí, y uno sonríe y levanta la suya en lo alto de su humanidad también porque, hombre, no jodas, que saludarse tan expresivamente es de los beneficios mas preciosos de los seres humanos.
Y uno se arrima, donde las manos se van llamando hasta que se abrazan, o quizás le dejan el gusto a los labios y cachetes, narices y codos, o una palmadita en la espalda.

Pero ellas las manos, dicen ¡HOLA!

Luna nueva

20080131

Caracoles nerviosos en mi retro-autoretrato-carnedecañondepincel
























Es que no tomé la comunión.

Hoja de pruebas de colores, definido con algunos retoques intencionales (el dibujo es impreso luego de escanear el original)

Cuaderno de viajes

Córdoba, vista de la Catedral desde el patio del Cabildo































Ese día había ido un grupo de chicos del jardín con su maestra, todos con su incipiente tonito cordobés tan simpático. La maestra los hizo sentar formando una ronda en el medio del patio y empezó a preguntarles qué veían. Yo escuchaba y los observaba mientras dibujaba (cuando hacía el dibujo de la catedral), y parecía que de todos ellos ninguno quería quedarse callado ante los maravillosos descubrimientos que iba haciendo. Gritaban contentísimos muchas, muchas cosas, y así aprendí que una jarra podía tener infinitos nombres, y que las columnas podían llamarse dedos. Por supuesto, dibuje todo el rato sin dejar de sonreír.


La función del arte /1

Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff,lo llevó a descubrirla.

Viajaron al sur. Ella, la mar, estaba mas allá de los altos médanos,esperando.

Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas dunas de arena, después de mucho caminar, la mar estallo ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de lamar, y tanto su fulgor que el niño quedo mudo de hermosura.

Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando,pidió a su padre;

- ¡Ayudame a mirar!

Eduardo Galeano

20080129

Fabio Zerpa tiene razón


















Sobre la pared de un local de calle 12, al lado de esa casa de música pintada de negro con una eme blanca que nada que ver con la de la casa de comidas extranjera roja y amarilla porque la que tiene la casa de música pintada de negro es así toda robusta y rígida y la de la casa de comidas extranjera roja y amarilla es flaca tirando a famélica con curvas saltarinas y yo creo que debería ser al revés porque si es así flaca tirando a famélica debe ser que no la alimentan bien y si no alimentan bien a su mascotita saltarina ni nos imaginemos como alimentan a las personas que van a comer ahí a su misma casa de comidas extranjera pintada de rojo y amarillo.

Natura stressata

20080128

Améd y el tercer vaso

La casa que supo construir Amed hace tantos años, es del material más noble que su vida le permitió conocer: el adobe. Material tan noble, "que podría rimarse con la palabra noble misma, si se tiene la voluntad suficiente, querible como un amor fresco de primavera y tan duradero como la vida linda". Vive en las cercanías de un pueblito nacido en tierras áridas al este de las cordilleras, que se llama Pagancillo. Llegó cuando tenía treinta y tres años, y fue, dice, lo más parecido a su tierra natal que pudo hallar en los cincuenta años que lleva viviendo en este nuevo continente. La casa es pequeña de paredes rugosas, y en ella aloja una mesita suficiente para comer dos personas, tres banquitos de mimbre, dos sanos y uno esperando reparación, y lo poco que necesita para su vivir diario. En un mueblecito modesto pero bien cuidado guarda del polvo las cosas más valiosas como las cartas de su primer amor escritas en árabe y una foto de un caballo que supo ser un fiel amigo por muchos años. Una heladera brilla en aparente disonancia con el resto, y su catre sostiene un colchón vencido, con frazadas de colores opacados por el tiempo y con la dignidad de ser la salvación en las noches rudas. A pesar del viento y la aridez del entorno, mantiene su casa con una limpieza admirable.
Amed es un hombre apacible, vive de sus cultivos y animales y así también disfruta de la vida en comunidades pequeñas. "Heredé de mi madre un gusto por la contemplación de las cosas que me rodean y de mi padre un amor profundo por la música simple, como verá usted en mis instrumentos que yo mismo me fabriqué". Me habla pausado, hay tonos de su lengua natal en su castellano admirablemente adiestrado, y mueve las manos con gestos cadenciosos acompañando el relato. Sabe hacer amena su compañía y hospitalidad, tan habitual y generosa en la gente de estos hermosos pueblitos que hacen pensar en ellos como selvas vírgenes, lejanas de la sofisticación de las ciudades pesadas.

Luego de un silencio muy grato en la charla, Amed me ofrece un vaso de agua y acepto gustoso. A pesar de la austeridad en su vida -me explica mientras abre la heladera a gas-, acepta aquellos inventos que le facilitan un poco el vivir cotidiano, porque sabrá usted cómo se bendice una jarra de agua fría en estas arideces. Sirve el agua en dos vasos de su colección de seis "que me regaló una familia muy querida del pueblo" y luego de alcanzarme el mio, deja al otro sobre la pequeña mesa y vuelve a servir uno más. Me extraña la ceremonia, porque eramos sólo dos, y ya venía él con el tercer vaso servido. Se sienta nuevamente frente a mí, tomando sorbos del agua que estaba riquísima como todo lo que llega justo cuando uno lo desea, y yo sentía mucha curiosidad por el vaso huérfano que presidía la mesa por falta de bebedor. Amed por supuesto se da cuenta:

-¿Le resulta curioso?
-Sí, es que me llama la atención que haya servido un vaso más.
-Sabe, todos los días lleno un vaso con agua fresca y lo dejo en algún lugar cerca mío. Es algo que hago desde que llegué a este lugar.
-Supongo que tendrá algún motivo, y si no es molestia me encantaría que quedara en sus manos el resto de este relato, que tan merecido lo tiene por haber venido a mi imaginación puntualmente para que yo pudiera escribir esto. Maestro, suyas sean las palabras.

20080123

Mugres son las de ahora

Por Sardino Mueca Gordalán
No es una gran revelación: la suciedad (grela, mugre, como quiera llamársele) es un invento de la tecnología. Como una hija accidental de la misma evolución, preferida de los científicos esos a la hora de jactarse. La tecnología misma también ha dejado al margen de la buena historia al jabón neutro, a las tablas de lavar, e incluso al megáfono, reemplazado por esos minicomponentes, que les dicen. Porquerías, les digo yo. Porque eso es lo que son, porquerías. Inventos y más inventos; una caravana desfachatada de adminículos y mamotretos de todos los tamaños que dicen facilitar la vida de las personas. Porque hoy en día mi viejo, son todos unos vagos. Que no me vengan a decir que necesitan tal o tal aparato porque lo que necesitan es ganas de trabajar, eso es lo que necesitan.
La cosa es que ahí empieza el asunto de la grela que antes no existía, y que si existía no se veía. Porque antes, mi viejo, no se tenían las ventanas abiertas a la luz del día como ahora, que se ve todo el polvillo sobre los muebles, no. Antes, cerraditas las persianas todo el día, y si querías luz te ibas a jugar al patio. Y así minga que ibas a ver mugre dentro de la casa. Una pinturita, hermano. Pero ahora no; todo abierto, los rayos del sol arruinando las cómodas y muebles como si nada y nadie parece percatarse del descuido, porque están enfrascados con la tecnología. Y dale que va con la tecnología.
Entiéndase que con tecnología incluyo a toda esta sarta de ridiculeces de la vida sana y buenos ánimos. Porque antes, anda a reirte mientras el padre de la casa hablaba en la mesa. Minga que te ibas a reir. Porque antes había respeto, mi viejo. Y dirán que soy un anacrónico y les doy la razón, porque estoy convencido de que antes estabamos mejor. Sin televisor, ni computadora, ni minipimer, ni auriculares, ni multifunción Epson ni HP, ni todas estas pelotudeces. Yo ¿sabes que hacía a los 13 años? estaba en el tractor de la chacra, hermano. Y no drogándome como los pibes de hoy en día. Drogados y borrachos, todos. Como en la universidad, que es un criadero de vagos.
Tanta es la indignación que me provoca que el tíutulo del artículo no tiene de qué sostenerse ya. Y te digo por qué no tiene de que sostenerse. De la mugre, mi viejo. De la mugre.

20080120

Don Carlos y las misas

Por el "Pollito" Ciancrotta
Ayer a la mañana, en vísperas del mediodía, estabamos con unos muchachos tomando algo fresco en el bar "El Dador", de Carlos Alonso Cárdenas. Mucha calor decía Carlitos, perdido entre el sudor condensado que hacía imposible la visibilidad dentro del recinto, mientras fregaba un vaso con la franela ennegrecida del taller mecánico, su otra ocupación. Yo no podía hacer más que darle la razón, si ahí adentro gorrión en un caño era poco decir y las axilas excesivamente peludas de los concurrentes no hacían mas que enturbiar el aire. No pensé en retirarme tampoco, porque en la calle el frío era degollador y no prometía tan buena compañía como el bar, de modo que seguí impertérrito en mi butaca.
Y cuando la puerta de nylon se abrio Carlos al estilo Saramago: pero si es el padrecito Pedro, cómo se va a ir sin tomarse una ginebrita padre, usted que debe andar cansado del día de hoy, pero cómo negarle, don Carlos, si tanta misa sin poder tomar vino es un calvario, fíjese usted. Y el padre se sentó entre el Tano Miguetti y yo, en el último banquito libre. La sotana ya tenía un tizne brillante por el sudor y la humedad impregnados del ambiente y de la frente del padre se adherían gotas in crescendo.
Cada uno con su ginebra, excepto yo que tomaba un té de boldo, meta charla de todo y con más confianza, después de descubrir con el padrecito muchas coincidencias. Carreras de caballos, el prode, el póker y el tejo fueron nuestras aficiones más encontradas. Pasó la mañana así de amena, hasta que el sol vertical del mediodía mandó a cada uno a sus diligencias. Yo a dormir la siesta, don Carlos a rasquetear las paredes, y el padrecito a leer su Ámbito Financiero. Los demás por supuesto, rasqueteando con don Carlos, para tener mañana un trago asegurado. Como en aquella canción de Joan Manuel.